Volver sobre lo aprendido: un recorrido feminista por la ciencia y la vida en comunidad en tiempos de pandemia

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Por: Maria Teresa Bosio[1], Florencia Gordillo[2] Natalia Rodríguez[3]

 

El modelo hegemónico que conceptualiza a la salud como ausencia de enfermedad, se enmarca en un sistema capitalista, regido por las lógicas del mercado económico, y forma una alianza sólida con la industria farmacéutica, concentrada en empresas multinacionales que a su vez tienen gran poder para condicionar a los sistemas de salud.

 

Atender la salud y cuidar de les otres históricamente han sido tareas asignadas a las mujeres. Desde épocas antiguas hemos acompañado el surgimiento de la vida, como parteras, como chamanas. Hemos cuidado a nuestras familias y comunidades, desde nuestra fe y nuestros saberes ancestrales ligados a la naturaleza y la espiritualidad. Las curanderas sabían (y saben) de plantas medicinales: sus tratamientos tenían ingredientes naturales, que se complementaban habitualmente con fórmulas mágicas o plegarias de carácter religioso y espirituales. Las mujeres eran quienes proporcionaban asistencia médica; tenían conocimientos curativos transmitidos de generación en generación y constantemente mejorados por métodos empíricos.

Estas prácticas nos permitieron construir poder y reconocimiento social, que luego el patriarcado -materializado en la estructura clerical de la iglesia durante los siglos XV y XVI- se encargó de disputarnos de las formas más violentas que se perpetúan con el punitivismo exacerbado que ponen en práctica los Estados modernos. La persecución hacia las mujeres que realizaban sanaciones, que acompañaban los partos fue sin duda una forma de control moral por parte de estas instituciones, porque esos saberes y esa presencia ponía en tensión el reconocimiento de los Estados y de la incipiente ciencia moderna que disputaba verdades y dogmas religiosos.

La medicina como campo profesional y académico surge en Occidente, en los albores de la Modernidad. Con el aporte de la ciencia aborda el cuidado de la salud desde una mirada individual, dependiente del saber médico-hegemónico que mira a los sujetos enfermos como pacientes sin recursos. Las patologías ligadas a la dimensión biológica quebraron la mirada holística que las curadoras ponían a disposición ante una enfermedad.

Ese modelo hegemónico que conceptualiza a la salud como ausencia de enfermedad se enmarca en un sistema capitalista, regido por las lógicas del mercado económico, y forma una alianza sólida con la industria farmacéutica, concentrada en empresas multinacionales que a su vez tienen gran poder para condicionar a los sistemas de salud. En este marco, la atención desde el sistema médico-hegemónico está sostenida por un abordaje individual, biológico, escindido de la vida social y afectiva de las personas.

En este contexto, las mujeres observamos cómo a lo largo de los siglos nos fue muy difícil ser reconocidas como sujetas productoras de saberes en el campo de la salud. En la actualidad, Norma Blázquez Graf (2008) analiza cómo las epistemologías feministas alertaron y visibilizaron los procesos de exclusión en el campo de la producción de conocimiento científico, para luego construir una posición desde la cual sostienen que la racionalidad científica no es siempre objetiva, neutra o universal.

En el sistema de salud, observamos cómo las instituciones sanitarias estatales dan prioridad de atención al Covid-19 y se resiente el acceso a la salud sexual, especialmente al aborto legal, sobre todo para las mujeres más pobres que recurren a los centros de salud de atención primaria que están en los barrios populares.

Los conocimientos se producen en un contexto social, histórico, político, cultural y de géneros. Entonces la disputa que surge desde nuestros colectivos es acerca de la posibilidad de construir una ciencia menos jerárquica, con nuevos y numerosos temas de investigación, que reconozca y permita la pluralidad de formas de pensamiento, con una mirada que refleje la diversidad de manera interseccional: posición fundamental para actuar, por ejemplo, en estos momentos de crisis sanitaria.

Las mujeres, en este contexto de crisis sanitaria, tenemos mayores desafíos porque somos sujetas activas en el modo de abordarla: nos hacemos cargo tanto de las diversas tareas vinculadas a los cuidados como a la salud. Entonces, ¿qué agenda proponemos para abordar la pandemia? ¿Qué saberes y prácticas ponemos a disposición? ¿Cuáles jerarquizamos?

Nuestra preocupación por les otres y el estar afectadas tradicionalmente a las lógicas del cuidado hacen que nos ocupemos de sostener el orden de la vida desde las necesidades más básicas, como el acceso a la alimentación de nuestras familias y de la comunidad. Somos las mujeres quienes sostenemos los comedores comunitarios, los merenderos, el cuidado de adultos mayores y niñez. Somos quienes gestionamos estrategias y generamos alianzas en el marco de los movimientos sociales para el acceso a la comida diaria de quienes son más vulnerables.

En los territorios son las mujeres organizadas quienes tejen las redes necesarias para acompañar a quienes viven violencias domésticas: están atentas y sensibles a lo que pueda pasarles a sus vecinas. El mote de “chusmas” o “brujas” no es más que un supuesto patriarcal utilizado para negar y ocultar la capacidad de empatía e intuición que las mujeres tenemos frente al sufrimiento, la violencia y el desamparo de les otres. La sensibilidad o los afectos que desde el campo de la racionalidad científica se conceptualizan como una “falta/error” desde el feminismo son abordados como un valor, para poder así objetivar y mostrar las injusticias que el sistema social/político patriarcal impone a las poblaciones vulnerables. La consigna #QuedateEnCasa tiene un costado oscuro: implica un aislamiento social para aquellas mujeres que sufren violencia de género, sin poder acceder de manera efectiva a las redes territoriales, ni a las políticas públicas que atienden esta problemática.

En el sistema de salud, observamos cómo las instituciones sanitarias estatales dan prioridad de atención al Covid – 19 y se resiente el acceso a la salud sexual, especialmente al aborto legal, sobre todo para las mujeres más pobres que recurren a los centros de salud de atención primaria que están en los barrios populares. Las mujeres especialmente deambulan por las instituciones en busca de su provisión sumando “riesgos” ante la pandemia o bien abandonan los cuidados de su propio cuerpo. En este marco, las organizaciones feministas, en el caso de Argentina, articuladas en la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito demandan al Estado la plena vigencia de estos derechos y en articulación con las profesionales de la salud por el Derecho a Decidir, proponen modos y estrategias para sostener una política pública que viene realizándose con continuidades y discontinuidades desde el 2003, para que no se vea resentida.

Son esas las tareas y desafíos que las mujeres venimos tramando. El rol del Estado para la protección de la vida en todas sus dimensiones también presenta retos y dilemas. Argentina, luego de transitar por un gobierno neoliberal (2015-2019) -que demonizó el Estado como un ámbito burocrático y corrupto, como un gasto y no como inversión- ahora cuenta con el presidente Alberto Fernández que ante el Covid – 19 reivindica las políticas públicas como única solución. En este marco, los movimientos sociales y los movimientos feministas debemos estar atentas y discutir cuál es la nueva estatalidad que queremos para resolver nuestras necesidades y pensar nuestras agendas.

Según la Doctora en Ciencias Sociales Paula Canelo, quien se pregunta cuál es el Estado “faltante” que nos mostró la pandemia- “hasta hoy vimos en acción algunas de las incapacidades del Estado que teníamos. Observamos muchas dificultades para distribuir con eficacia y efectividad los costos de la pandemia, y para lograr que muchos sectores, incluso los que más tienen, acepten resignar una parte de lo propio, aunque lo que esté en juego sea la vida del otro (tal el caso, por ejemplo, del impuesto a la riqueza), a lograr un Estado que sea capaz de producir y cuidar lo que nos es común (aquello que se encuentra en la tensión entre lo general y lo particular)” (Canelo 2020:20).

También, Rita Segato nos desafía a pensar otros modos de organización tanto estatales como vinculares. Reflexiona sobre: “Cómo este virus vino a imponer una perspectiva femenina sobre el mundo: resaltar los nudos de la vida comunal con su ley de reciprocidad y ayuda mutua, adentrarse en el “proyecto histórico de los vínculos” con su meta idiosincrática de felicidad y realización, recuperar la politicidad de lo doméstico, domesticar la gestión, hacer que administrar sea equivalente a cuidar y que el cuidado sea su tarea principal. Es a eso que le he llamado en estos días de un “estado materno”, como distinto a aquel estado patriarcal, burocrático, distante y colonial del que nuestra historia nos ha acostumbrado a desconfiar” (Segato 2020: 80).

Si en convivencia con este virus podemos construir una nueva forma de ser comunidad, organizadas por un Estado restituidor de fuero comunitario, protector de una economía popular, un mercado cercano y regional que rompa con la idea de la globalización excluyente para la mayoría de les habitantes de este planeta. Según palabras de Segato: “Un buen Estado transita entre los dos caminos y blinda al más frágil, para que sus saberes, sus circuitos propios de mercadeo, sus tecnologías de sociabilidad y sus productos no se pierdan, ni tampoco su autonomía” (Segato 2020: 81).

En este nuevo contexto societal, tanto las mujeres como la comunidad LGBTTIQ+, tenemos muchas experiencias y prácticas compartidas, muchos siglos de resistencias que nos han hecho cada día más potentes en todos los ámbitos que desarrollamos nuestra vida cotidiana, en la ciencia, en la política, en la cultura. Tenemos la fuerza y la capacidad de agencia para pensar otros modos de organizar la vida, para que realmente sea igualitaria para todes. En un ejercicio íntimo de recuperar saberes ancestrales, en el diálogo que se da en los territorios donde se producen conocimientos científicos y también en aquellos donde somos agentes de cambio, en las políticas feministas que trazamos en comunidad y desde la diversidad quizás encontremos algunas respuestas.

 

Bibliografía:

BLAZQUEZ, Norma 2008 “El retorno de las brujas: incorporación, aportaciones y críticas de las mujeres a la ciencia”. Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. Colección

Debate y reflexión. México: UNAM.

CANELO, Paula 2020 “Igualdad, solidaridad y nueva estatalidad. El futuro después de la pandemia publicado”. El Futuro después del Convid19. Argentina: Argentina Unidad. Bs. As. Consulta: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/el_futuro_despues_del_covid-19_0.pdf

SEGATO, Rita 2020 “Coronavirus: Todos somos mortales. Del significante vacío a la naturaleza abierta de la historia”. El Futuro después del Convid19. Argentina: Argentina Unidad. Bs. As. Consulta: https:// www.argentina.gob.ar/sites/default/files/el_futuro_despues_del_covid-19_0.pdf

 

 

 

[1] Presidenta de Católicas por el Derecho a Decidir- Argentina

[2] Integrante del Area de Comunicación de Católicas por el Derecho a Decidir- Argentina

[3] Integrante del Área Diálogos Interreligiosos de Católicas por el Derecho a Decidir – Argentina